Descripción general

1.1. Fortalecimiento de la vigilancia en salud pública

Descripción general

Las estrategias de vigilancia en salud pública tienen como propósito orientar la detección de casos por COVID-19 y sus contactos. Esta detección facilita la identificación, control e interrupción de las cadenas de transmisión mediante acciones que buscan enlentecer el curso de la pandemia con el objetivo de minimizar la saturación de los servicios de salud y disminuir el efecto de la enfermedad en la población, especialmente en los grupos más vulnerables, tales como los adultos mayores de 70 años y aquellas personas que padecen condiciones médicas de base como hipertensión arterial, problemas cardíacos o diabetes, dado que tienen más probabilidades de desarrollar una enfermedad grave, según la OMS (1).

El fortalecimiento de la vigilancia en salud pública debe estar enmarcado en ampliar la vigilancia de este evento no solo en las instituciones de salud sino en el ámbito comunitario. Esto último, mediante la capacitación y/o educación a líderes comunitarios.

Un mecanismo que permite lograr lo anterior, es implementación de la vigilancia en salud pública con base comunitaria. La cual es una estrategia orientada a la identificación, análisis y divulgación de conocimiento asociado a eventos, factores de riesgo y determinantes. Los cuales pueden afectar la salud y calidad de vida de las personas, a partir de información recaudada, notificada o construida por la propia población organizada como comunidad. Igualmente, sirve de puente con la institucionalidad a través de la discusión, análisis y construcción de alternativas de solución, en un ejercicio de participación social y ciudadana (2).

Esta estrategia tiene como punto de partida general el fortalecimiento de las capacidades de las comunidades para la identificación de problemas relevantes para la salud y la calidad de vida de acuerdo a cada contexto, lo cual involucra actividades como la definición de los eventos a vigilar, la recolección de datos en la vida cotidiana, la sistematización de estos de forma homogénea para que estén disponibles como información ordenada para uso local y para su integración con el Sistema de Vigilancia en Salud Pública, SIVIGILA (2).

Esto puede requerir la búsqueda activa comunitaria de casos en lugares como el hogar y la comunidad en general, lo cual permita medir la actividad de la enfermedad dentro de las comunidades. De esta manera, los entes locales contarán con más herramientas para la identificación de nuevos casos de COVID-19, el seguimiento de contactos, la identificación de zonas de riesgo o conglomerados que permitan a las autoridades sanitarias tomar medidas para controlar las cadenas de transmisión.

Además, la captación oportuna y la confirmación diagnóstica por laboratorio de los casos sospechosos y probables, el autoaislamiento, y la identificación y rastreo de contactos, conduce a un número igual o menor que uno de las personas que puede infectar un caso positivo de COVID-19. Siendo estas medidas una alternativa al testeo masivo y a la cuarentena. De igual manera, se debe trabajar en el fortalecimiento del sistema de información, creando un flujo de información continuo y efectivo entre entes locales, instituciones de salud, entidades administradoras de planes de beneficio (EAPB) presentes en el municipio y comunidad. Este sistema de información debe generar información estandarizada, sistemática, oportuna y continua, que ayuden a la toma de decisiones y la adecuada comunicación del riesgo.

La comunicación de riesgos es parte integral de cualquier respuesta de emergencia. Durante las emergencias de salud pública, las personas necesitan saber a qué riesgos sanitarios se enfrentan y qué medidas pueden adoptar para proteger su salud y sus vidas. Si se les facilita pronta y frecuentemente información precisa en un idioma que entiendan y por medios que les resulten familiares y dignos de confianza, podrán tomar decisiones y cuidarse a sí mismas, así como a sus familias y comunidades, contra los riesgos sanitarios que puedan estar amenazando su vida y su bienestar (3). De esta forma, la comunicación del riesgo es una de las herramientas más sensibles con que cuentan las autoridades y/o tomadores de decisión para responder las necesidades de información de los habitantes de cada territorio (4).