Descripción general
La reanudación de las actividades económicas es una de los retos y prioridades en el nivel local de los próximos meses y años. Esto, sin embargo, debe darse en el contexto de la transmisión comunitaria del virus en muchas entidades territoriales, al igual que teniendo en cuenta la heterogeneidad de los diferentes sectores económicos en sus características productivas y los efectos que la pandemia ha tenido sobre ellos.
Luego de la toma de medidas de emergencia, que llevaron en un primer momento al cierre de muchas actividades económicas y a mantener solamente aquellas de carácter esencial, la segunda etapa es la reactivación económica. Esta corresponde a poner a funcionar a “media marcha” la economía a partir de la operación en conjunto de múltiples sectores que operan con diferencias entre ellos en su capacidad productiva, dado que continúan los controles sanitarios que restringen ciertas actividades económicas y sociales, y con los que se busca controlar la propagación masiva de la infección. Una tercera etapa, aún incierta, estaría vinculada a la ausencia de contagio o un riesgo muy bajo de este. Se pronostica que esta etapa implicará una nueva realidad económica y social de acuerdo a lo experimentado en cada territorio y sector económico en las etapas previas y dependerá de las capacidades institucionales, productivas y tecnológicas que se hayan acumulado (1).
A partir del seguimiento y conocimiento de la situación epidemiológica, al menos tres aspectos podrían ser útiles en el nivel local para avanzar en el proceso de reactivar la economía de manera segura:
1) Conocer los lineamientos de bioseguridad establecidos de manera general y específica para cada sector de la economía, valorando las responsabilidades de cada uno de los actores involucrados.
2) Garantizar el desarrollo y resultado de los pilotos que establezca la normatividad o aquellos que, por las condiciones propias de productividad del territorio, se consideren pertinentes dados los riesgos o desafíos particulares que pueda implicar la realización de la actividad económica correspondiente.
3) Mantener un seguimiento detallado del cumplimiento de los protocolos establecidos para cada sector y los impactos que en la transmisión de la infección en el nivel local esté teniendo la reapertura de la actividad económica. De esta forma, se podrán tomar de manera oportuna medidas para controlar situaciones que pongan en riesgo la salud poblacional y la de las personas involucradas en la respectiva actividad económica. Este seguimiento también contribuye a preservar la continuidad de las actividades productivas. Para esta valoración es importante tener en cuenta el seguimiento al número de casos, el desarrollo de brotes, la verificación del cumplimiento de las medidas de seguridad y la verificación de la puesta en marcha de acciones de rastreo de casos.
Adicional a las valoraciones sanitarias que tendrán en cuenta aspectos como la potencial generación de aglomeraciones con un mayor riesgo de contacto físico, en la priorización de acciones para la reapertura de la economía en el nivel local también será importante valorar las vocaciones productivas de cada territorio, la vulnerabilidad de ciertos sectores y el efecto en la generación de empleo y bienestar social aportado por de cada uno de los reglones productivos. En este sentido, mientras para algunos territorios las actividades turísticas representan una actividad económica fundamental, pero con una afectación potencialmente alta si no se toman las medidas correspondientes, otros basan su actividad en actividades agropecuarias que han podido ser menos afectadas en algunos municipios y cuyas demandas en términos de medidas de control del riesgo podrían ser menores. Un análisis de estas vocaciones productivas debe llevar a la definición de planes específicos para el acompañamiento al sector productivo en la realización segura de sus actividades.
