Descripción general
En un contexto como el de la pandemia por COVID-19 la seguridad alimentaria en el nivel poblacional se puede afectar por diversas razones (1). Desde la producción, distribución y comercialización, es importante monitorear afectaciones en la cadena de suministros de alimentos producidos fuera o dentro del municipio. En este sentido, dado los mecanismos de transmisión del virus se deben adoptar todas las medidas que permitan una interacción segura entre todos los actores de la cadena de suministro como condición fundamental para la reducción del riesgo de eventos que afecten una adecuada disponibilidad y acceso a los alimentos en el nivel local (2).
Si bien durante la cuarentena nacional se buscó garantizar la cadena de suministro de alimentos, en varias regiones la cadena logística tuvo afectaciones (3). Una de las lecciones a futuro tiene que ver con tomar medidas que permitan estrechar la relación entre productores y consumidores, e identificar alternativas frente a aquellos aspectos que pueden ser más vulnerables a los efectos de las medidas que se han tomado en el país para el control de la pandemia o ante posibles brotes en el personal vinculado a cualquiera de las etapas del sistema de abastecimiento alimentario.
Frente a esto, la representación en Colombia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) propuso una serie de recomendaciones para garantizar el normal suministro de alimentos en el contexto de la actual pandemia. Estas recomendaciones incluyen: 1) desarrollar alternativas de comercialización basada en circuitos cortos y en la creación o fortalecimiento de redes entre minoristas, lo que, por ejemplo, puede dinamizar dinámicas de producción y comercialización local; 2) fomentar esquemas colaborativos en todas las etapas de la cadena, incluso el transporte y logística de alimentos; 3) establecer mecanismos que favorezcan la conexión entre los productores de alimentos perecederos con plantas de transformación básica, al igual que los vínculos entre productores y comerciantes; 4) adoptar esquemas de apoyo a los agricultores que involucren opciones como la transferencia de dinero con entrega de agro insumos; y) ampliar la capacidad local para el almacenamiento de alimentos (3).
La puesta en marcha de alternativas como estas, más allá de contribuir a garantizar la producción y oferta de alimentos en el nivel local, puede tener un efecto a mediano plazo en fortalecer dinámicas locales del sistema de abastecimiento alimentario propiciando una mayor autonomía y seguridad alimentaria.
Vinculado a las actividades de reactivación económica que se analizan en la estrategia No. 5., uno de los sectores que es necesario priorizar es el de abastecimiento alimentario. Si bien la transmisión del virus a través de alimentos ha sido descartada por la OMS, esta entidad ha llamado la atención sobre la necesidad que tienen las empresas alimentarias de aplicar sistemas de gestión de la inocuidad para evitar que se contaminen los alimentos, se garantice que las personas involucradas en el eslabón de la producción de alimentos conozcan las medidas ante una potencial infección por el virus y se adopten medidas para restringir la infección o propagación de la infección entre estas personas (2, 4).
En cuanto a la seguridad alimentaria de los hogares, existen dos situaciones que la pueden poner en riesgo. Por un lado, la pérdida de capacidad adquisitiva como consecuencia de la alta proporción de la población desempleada o realizando actividades informales, lo que se traduce en ingresos reducidos y menor capacidad para la compra de alimentos. Frente a esto, preocupa tanto el incremento de la población con hambre y desnutrición, como el incremento del sobrepeso y la obesidad, en la medida que la población acceda principalmente a alimentos de más bajo costo, pero con alta densidad energética y pobre o nulo valor nutricional. Estas condiciones pueden afectar principalmente a los grupos en situación de pobreza y a los hogares con mayor vulnerabilidad social y económica, aún si son beneficiarios de algún tipo de subsidio o programa de ayuda de alimentos (1).
La otra condición que puede poner en riesgo la seguridad alimentaria de los hogares tiene que ver con la existencia de problemas administrativos o logísticos para la continuidad de programas de alimentación a grupos específicos de la población (1). En el nivel local se pueden presentar afectaciones importantes en programas como el de alimentación escolar, los orientados a menores de cinco años o mujeres gestantes y otros que existan en el nivel local para atender a la población vulnerable. Un seguimiento permanente al funcionamiento de este tipo de programas es necesario para minimizar los efectos que la pandemia pueda tener en la población beneficiaria de los mismos.
Como parte las opciones con las que cuentan las entidades territoriales para garantizar la seguridad alimentaria en la población, está la recepción de donaciones desde diversos sectores. Las donaciones de alimentos, a pesar de sus potenciales efectos positivos, también pueden incrementar riesgos en salud para la población en el corto y mediano plazo (5). Con relación a esta alternativa, además de las orientaciones sobre inocuidad de los alimentos están aquellas establecidas por el Ministerio de Salud y Protección Social en cuanto a las condiciones nutricionales que se deben garantizar con estas donaciones. En general, esta entidad ha indicado que los alimentos donados deben permitir a los beneficiarios una dieta saludable y equilibrada, tomando en cuenta entre otras razones, la conexión entre el patrón de alimentación y el riesgo de desarrollo de enfermedades no transmisibles (ENT). Las entidades territoriales que reciban donaciones alimentarias deben tener en cuenta que estas cumplan con las recomendaciones establecidas en las Guías Alimentarias Basadas en Alimentos para la población colombiana (GABAS) (6).
